Me metí a la ducha con mi amigo en posición firme y un dolor en mis bolas que no me lo quitaría con absolutamente nada de lo que hiciera...
-¡Maldita mujer!- exclamé bajo la ducha fría, mientras magreaba mi miembro pensando en todo lo que había pasado anoche. Es que todo fue tan surreal, mi muñequita me odiaba y lo veía en su cara, pero su arrebato para comportarse como toda una fiera me había dejado en shock y con las bolas azules toda la maldita noche. Así que, como le seguiría el juego, des