-Déjeme por lo menos eso a mí, tengo una pequeña idea...-Les dije y salí disparada a mi habitación. Siempre me había gustado coser y bordar como me enseñó mi tía Tita, en Chile. Tomé mi bastidor y de la tela que me quedó del traje del dinosaurio y comencé a hacer mi magia.
Cuándo Sarita se despertó de la siesta ya estaba terminando, salimos las dos y nos encontramos con Dana, Alma y el abuelo Soré tomando el té.
-No pensé que me demoraría tanto. Toma, para que le entregues al futuro papito.
D