Los días posteriores al acuerdo fueron una mezcla de logros y silencios cargados de tensión. Las reuniones entre Sofía y Max, aunque profesionales en la superficie, eran verdaderas batallas de contención emocional. Cada cruce de miradas, cada palabra aparentemente inocente, escondía una corriente subterránea de deseo, frustración y heridas abiertas.
Sofía intentaba mantener el control. Se aferraba a su frialdad como a un escudo, el mismo que había construido con esmero tras la traición. Pero Ma