El amanecer se filtraba por las cortinas como un hilo de luz que lentamente reclamaba la habitación. El dorado suave cubría las sábanas arrugadas, el piso frío y los muebles modernos, creando un contraste perfecto entre la calidez del momento y la elegancia del entorno. Sofía abrió los ojos despacio, sintiendo primero el peso ligero de las sábanas, luego la respiración profunda y constante de Max a su lado.
Por unos segundos, simplemente permaneció allí, inmóvil, como si su mente intentara ates