La tarde estaba despejada, y el sol bañaba la ciudad con un brillo cálido que parecía suavizar incluso las sombras más profundas. Desde los ventanales de la oficina de Sofía, la luz entraba con delicadeza, iluminando los detalles dorados del mobiliario y envolviendo el espacio en una calma que contrastaba con el torbellino emocional que ambos sentían por dentro.
Habían dado un paso importante, un paso que les había tomado años, lágrimas y silencios interminables. Sin embargo, aún quedaba una co