La tarde estaba despejada, y el sol bañaba la ciudad con un brillo cálido que parecía suavizar incluso las sombras más profundas. Desde los ventanales de la oficina de Sofía, la luz entraba con delicadeza, iluminando los detalles dorados del mobiliario y envolviendo el espacio en una calma que contrastaba con el torbellino emocional que ambos sentían por dentro.
Habían dado un paso importante, un paso que les había tomado años, lágrimas y silencios interminables. Sin embargo, aún quedaba una conversación pendiente, una que ninguno podía seguir postergando. Era el momento de enfrentar el pasado sin máscaras, sin resentimiento, sin las barreras que habían levantado para protegerse.
Max estaba frente a Sofía, en el mismo lugar donde días antes se había jugado su futuro. Pero esta vez no se trataba de una apuesta empresarial ni de una estrategia calculada. Esta vez, lo que estaba en juego era más frágil y más valioso: sus corazones.
Sofía lo observó con atención, como si buscara leer en s