La mañana de la reunión amaneció con un cielo gris, cubierto por nubes densas que parecían presagiar tormenta. En el aire se sentía una calma extraña, como la que precede a una batalla inevitable. Sofía, desde muy temprano, se encontraba en su oficina, sola, rodeada de documentos que había revisado hasta el cansancio. No dejaba nada al azar. Cada cláusula, cada término del contrato con Max, estaba diseñado para darle la ventaja. La jugada estaba lista, y su próxima pieza estaba a punto de mover