Lo que sentimos (2da. Parte)
El mismo día
Úglich, cerca de Moscú
Katya
Los momentos incómodos son inevitables, como grietas que aparecen de pronto en el suelo que creías firme. Lo peor no es tropezar con ellos, sino no haberlos visto venir. No hay advertencias. No hay varita mágica que los disuelva ni reloj que nos permita retroceder. Aparecen sin anunciarse, y de pronto todo el aire se espesa, las palabras se traban, y los silencios se vuelven demasiado ruidosos. Te descolocan. Te desnudan frente a ti misma. Te obligan a