—¿Cómo me reconociste? —averiguó Aurora, reflejándose en los iris verdes de la pequeña.
—Por las mechas azules de tu cabello —contestó la niña sonriendo. —¿Vienes con Alex?
El corazón de Lola tembló al escuchar a su hija preguntando por el hombre que ahora la acusaba de secuestradora, la garganta se le secó, y un nudo se le formó en el estómago.
Aurora dejó de sonreír, su mirada perdió el brillo, y se cubrió de nostalgia.
—Mi hermano tuvo un accidente —comunicó.
Lola abrió sus ojos de p