Alma y Aurora observaban sus vestidos de novia, el gran día había llegado, a la mañana siguiente ambas unirían sus vidas a dos hombres que no amaban, pero que se habían comportado con ellas como unos caballeros, y estaban dispuestos a todo.
—¿No has sabido nada de aquel hombre? —cuestionó Alma a su hermana.
—No, solo supe que se casó, meses atrás —indicó—, por un momento pensé que no lo haría, pero…
—Ya no pienses en él, no vale la pena —recomendó Alma, y suspiró profundo.
—Tienes razón —dij