La mañana comenzó con un silencio extraño, distinto al habitual de la mansión.
No era calma…
Era presión.
Como si la casa misma supiera que algo estaba a punto de estallar.
Sofía bajó temprano, con la caja musical bien escondida bajo la almohada.
La melodía seguía acompañándola por dentro, como si la protegiera de algo que aún no sabía nombrar.
Cuando entró en la cocina, Natalia ya estaba allí, apoyada en la encimera, con los brazos cruzados y una sonrisa que anunciaba veneno.
—Llegas tarde —di