Sofía estaba poniendo los platos del desayuno cuando lo escuchó:
—Sofía, cariño, ven un momento.
Isabel.
“Cariño” significaba una cosa: problemas.
Sofía se limpió las manos en el delantal y entró al comedor.
Isabel estaba sentada, con la tablet en la mano, leyendo algo con una sonrisa que no prometía nada bueno.
—¿Necesita algo? —preguntó Sofía con tono neutro.
—Sí. Quiero que entiendas algo muy importante —dijo Isabel, levantándose lentamente—. Tus… libertades recientes me preocupan.
Sofía sostuvo su mirada.
—¿A qué se refiere?
—A tu actitud, Sofía —Isabel dio un paso—. Ayer en el baile estuviste… llamativa. Y ayer, respondiendo a Natalia… ¿qué palabra debo usar? Insolente.
Sofía respiró muy despacio.
—Solo dije la verdad.
—La verdad suele ser irrelevante —respondió Isabel, como si recitara una regla de contabilidad—. Lo relevante es qué impresión das. Y tú, querida, das la impresión equivocada.
Sofía apretó la mandíbula.
—¿Y cuál sería la correcta? —preguntó.
El brillo en los ojos d