La luz de la mañana entraba por la ventana de la habitación de invitados como si intentara empujarla fuera de la cama.
Sofía abrió los ojos con la sensación de no haber dormido nada.
“Mañana vas a saber exactamente qué esperan los Wood de su futura esposa.”
Las palabras de Eduard seguían clavadas bajo su piel.
Se vistió con un vestido claro —lo único que le pareció “neutral”— y salió al pasillo. Se perdió dos veces antes de que Lucas la encontrara.
—El señor Wood la espera en el comedor —dijo con una sonrisa discreta.
El estómago de Sofía se retorció.
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EL COMEDOR WOOD
La mesa era tan grande que ella se sentía aún más pequeña.
Eduard estaba en la cabecera, camisa blanca, reloj caro, expresión impenetrable.
Pero lo que más la tensó fue ver a la mujer sentada a su derecha.
Isabel Wood.
Elegante. Perfecta. Peligrosa.
—Buenos días, Sofía —dijo Isabel con una suavidad que no combinaba con sus ojos afilados.
—Buenos días, señora Wood —respondió ella, sentándose sin saber si debía hacerlo.
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