Eduard no recordaba haber conducido tan rápido en su vida.
A cada latido le ardía una sola idea:
Alguien de mi casa quiso hacerle daño.
Alguien bajo mi techo.
Alguien que comparte mi apellido.
Subió los escalones de la mansión casi de un salto.
Lucas intentó detenerlo.
—Señor Wood, su madre—
—¡No ahora, Lucas!
Entró al vestíbulo como una tormenta.
Isabel estaba en la sala, revisando documentos con un té perfectamente templado.
Ni siquiera levantó la vista cuando él irrumpió.
—Eduard, ¿puedes en