A unos metros de la cafetería, Ethan observó el coche de Lucas alejarse con Sofía y Vanesa dentro.
Solo cuando desapareció en la siguiente calle, él se movió.
Cruzó despacio, ajustándose la chaqueta, y entró en el local como si fuese un cliente habitual.
La mesa de Sofía seguía sin recoger.
—Disculpe —dijo al camarero con una sonrisa cordial—, la chica que estaba aquí me pidió que revisara si había dejado una pulsera. ¿No habrá apartado ya los vasos?
El camarero señaló una bandeja cerca de la máquina de café.
—Esos dos son de ellas.
Ethan asintió, agradeció con una mirada amable y, muy sutilmente, tomó el vaso de Sofía por la base, evitando las huellas.
Lo guardó en una pequeña bolsa transparente dentro del bolsillo interior de la chaqueta.
—Gracias. -dijo antes de salir.
Una vez fuera, su expresión se deshizo de la amabilidad.
Ahora era fría, precisa, calculadora.
Marcó un número en su móvil.
—La tengo —murmuró—. Prepara el análisis. Quiero resultados antes de 48 horas.