Los murmullos en la sala se apagaron de golpe.
Un hombre acababa de entrar por las puertas principales, vestido con traje negro, expresión seria y la mirada clavada en Sofía como si el resto del mundo no existiera.
Sebastián dio un paso dentro del salón, y Sofía sintió que todo el aire desaparecía de repente.
Cada cabeza giró hacia él.
Cada murmullo se apagó.
Y Sofía, por un instante muy breve, sintió esperanza.
Un deseo egoísta.
Un “¿y si…?”
Pero cuando miró a Eduard…
…esa esperanza se desmor