Fue un beso breve, pero cargado de electricidad y, aunque Adrián lo propició se alejó como si se hubiera quemado, salió de la oficina de la capitana sin decir palabra dejándola atónita por su reacción.
“¿Qué fue eso? –se preguntó la capitana en voz baja. ¿Si pasó? ¿Adrián Remington acaba de besarme? O lo que es peor, ¿yo se lo permití?, pero, ¿por qué salió casi corriendo de aquí? ¿No le gustó besarme? Pues a mí tampoco –concluyó sin mayor racionamiento.”
“No debí haberme dejado llevar, eso fue