Llegó lo que se esperaba fuera un gran día para toda la familia Remington-Wellington. Ese día Evana e Ignacio despertaron y manteniéndose abrazados ambos tenían la mirada fija en el techo de su habitación.
De pronto Evana recogió con el dorso de su mano una lágrima que había escapado de sus hermosos ojos verdes, Ignacio lo notó y la estrechó aun más contra su cuerpo.
–Yo también me siento muy sensible hoy, pero estoy lleno de felicidad.
–Yo estoy agradeciendo a todo el u