Mundo ficciónIniciar sesiónInterrumpiendo sus pensamientos y, como si la vida se encargara de aclararle su situación, recibió una llamada de su esposa, con el teléfono sonando, caminó con grandes zancadas hacia el automóvil rentado que seguía estacionado frente al edificio Wellington y luego de tomar asiento, respondió:
–Dime cielo.
 







