—Ahora entiendo por qué este lugar tiene una estrella Michelin. —Arabella tomó un sorbo de su jugo—. La comida es increíble.
Richard sonrió desde el otro lado de la mesa.
—¿Te gusta? Podría comprar el restaurante para ti.
Arabella se echó a reír. —Claro. Para que pueda comer hasta entrar en coma.
Comieron en un cómodo silencio durante un rato. El despliegue era impresionante: mariscos frescos, carne wagyu, delicada repostería francesa.
—¿Tú también te comes las alitas de pollo primero? —Richard