Frío.
Eso fue lo primero que sintió Serena. Un frío hormigón debajo de ella y aire helado erizándole la piel.
Abrió los ojos. Le dolía absolutamente todo. Intentó incorporarse, pero le fue imposible: tenía las manos atadas firmemente a la espalda y los tobillos amarrados con fuerza a las patas de una silla.
—¿Qué...? —parpadeó con pesadez tratando de aclarar la vista.
Luz tenue, paredes grises y un olor penetrante a metal viejo y descomposición. Un escalofrío de puro terror le recorrió la colum