La sala estalló en murmullos de asombro.
Los ejecutivos se inclinaron unos hacia otros, susurrando.
Incredulidad. Negación.
Mil millones de dólares.
Eso no era cambio de bolsillo. Ni se asemejaba a lo que manejaban incluso las familias más ricas. Y ciertamente no era algo propio de una consultora externa.
Adrian la miró fijamente.
Ella no bromearía con algo así. No lo haría.
Serena se aclaró la garganta.
—Señorita Greene, ¿es esta una nueva táctica para ganar tiempo? Sí, mil millones de dólares