Cuando regresaron a casa a la mañana siguiente, Catherine los esperaba justo al lado de la puerta.
—Mi niño, ven aquí —dijo extendiendo los brazos para darle un abrazo a Axel.
Axel caminó despacio hacia ella. Catherine lo atrajo hacia sí y comenzó a revisarle el cuerpo de arriba abajo.
—¿Te sientes mejor? ¿Tienes algún malestar? ¿Qué te hizo esa maldita perra...?
Arabella apartó bruscamente a Axel del alcance de su abuela.
—Necesita descansar.
Le hizo una seña a una de las empleadas para que ll