CAPÍTULO SETENTA Y CUATRO

Cuando regresaron a casa a la mañana siguiente, Catherine los esperaba justo al lado de la puerta.

—Mi niño, ven aquí —dijo extendiendo los brazos para darle un abrazo a Axel.

Axel caminó despacio hacia ella. Catherine lo atrajo hacia sí y comenzó a revisarle el cuerpo de arriba abajo.

—¿Te sientes mejor? ¿Tienes algún malestar? ¿Qué te hizo esa maldita perra...?

Arabella apartó bruscamente a Axel del alcance de su abuela.

—Necesita descansar.

Le hizo una seña a una de las empleadas para que ll
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