La sala estalló en murmullos de asombro.
A Serena se le detuvo el corazón.
Acababa de confesar. Oficialmente. Frente a toda la junta directiva.
Si la inversión de Ivan se concretaba, estaba acabada.
Adrian se acomodó en su silla.
Todos los demás lucían aliviados. Entusiasmados.
Él, en cambio, sentía náuseas.
Ivan no tenía motivos para invertir en un bufete de abogados. Su empresa era de base tecnológica. Rusa.
Lo estaba haciendo por Arabella.
Los ojos de Adrian se agrandaron cuando su mente cap