—¡¿Qué dices?! ¡Pedro, esto es nuestro fin! —gritó Fely, la desesperación reflejada en su rostro mientras las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos.
El miedo la envolvía como una sombra oscura, y el futuro que tanto habían soñado parecía desvanecerse ante sus ojos.
Pedro, con una calma que contrastaba con la tormenta emocional de Fely, pellizcó su mejilla con fuerza y la miró a los ojos.
—¡Cállate, tonta! Esto no es nuestro fin, no si sabemos mover las piezas a nuestro favor. Si pierdes la