Al día siguiente, la atmósfera en la mansión Montalbán era densa, llena de ansiedad y expectativas.
Fely, visiblemente nerviosa, llevó a Maryam de la mano hacia los laboratorios.
La pequeña, con sus ojos grandes y curiosos, sentía la inquietud de su madre, pero no comprendía del todo la gravedad de la situación.
La abuela, que los esperaba en la entrada, observó con una mezcla de amor y preocupación cómo entraban.
La idea de someter a la inocente Maryam a una prueba de ADN la llenaba de angust