Martín se puso de pie de golpe, como si algo dentro de él hubiese explotado de pronto.
Su mirada ardía con una mezcla de furia, decepción y una tristeza tan profunda que casi parecía física. Tenía la respiración agitada y los puños.
Enfrente de él, Ilse seguía hablando, justificándose, sin imaginar lo que estaba a punto de desencadenar.
—¿Cómo pudiste hacer algo tan cruel, Ilse? —su voz tembló, no de miedo, sino de rabia contenida—. No puedo creer en lo que te has convertido.
El rostro de la muj