—¡Papá! —exclamó Fiona, con la voz quebrada por la emoción al ver a Martín frente a ella—. Gracias… gracias por ayudarme y por salvar a Aaron.
La joven no pudo contenerse.
Corrió hacia él y lo rodeó con los brazos con una fuerza que delataba todo el temor que había guardado durante días.
Apoyó su rostro contra el pecho de su padre y sollozó. Martín, al sentirla tan cerca, sintió que algo dentro de él sanaba. Ese abrazo era un bálsamo, una reconciliación silenciosa, un regreso.
—Pensé que ya no m