Mayte y Manuel regresaron juntos, sus manos entrelazadas como si el mundo entero no pudiera separarlos. La abuela los vio acercarse y una sonrisa iluminó su rostro, reflejando la alegría que sentía al ver a su nieta feliz. Era un momento que había esperado durante mucho tiempo, y su corazón se llenó de esperanza y amor.
—¡Qué alegría verlos juntos! —exclamó la abuela, su voz temblando de emoción—. Estoy tan emocionada porque estarán juntos. He decidido enviarles a un crucero a Islandia. Quiero q