Martín cargó a Mayte con cuidado, sintiendo el peso de su cuerpo mientras la depositaba suavemente en la cama.
La miró fijamente, una mezcla de ira y desesperación en su mirada.
—Mayte, ¿quién te crees que eres para dejarme? —dijo, su voz temblando de emoción contenida—. Dijiste que me amabas, te metiste en mi cama a la fuerza, y ahora pretendes dejarme. No me vas a dejar, no antes de que yo lo quiera, Mayte.
Mientras sus palabras resonaban en la habitación, Martín la observó en la cama.
La odia