Martín estaba emocionado.
Por fin, su divorcio había quedado listo. El proceso había sido más rápido de lo que imaginó, con los cargos impuestos a Ofelia Linares, una mujer que en algún momento creyó amar, pero que solo le dejó un sabor amargo de decepción y culpa. Aquella etapa, marcada por el crimen y la mentira, por fin había terminado.
Era como si le hubieran quitado una piedra del pecho.
Esa noche, buscó a Mayte. Necesitaba hablar con ella, no solo por cortesía, sino por redención.
Cuando l