—¡¿Cómo es esto posible?! —exclamó Thea, con la voz rota, las manos temblorosas.
Ilse intentó sujetarla, pero Thea retrocedió un paso.
La mirada de la mujer se volvió fría, incrédula. Ilse tragó saliva, nerviosa, incapaz de mantener la calma.
—Thea… —susurró—. Martin tuvo un accidente. Esto… lo ha dejado con una discapacidad visual, pero…
No alcanzó a terminar. Thea apartó bruscamente su mano, como si el solo contacto la quemara.
—¿Por qué no me lo dijiste, Ilse? —preguntó con la voz cargada de