Al día siguiente, el sol se filtraba a través de las cortinas de la habitación, iluminando suavemente el rostro de la abuela.
Manuel y Mayte entraron con cautela, sabiendo que el ambiente estaba cargado de tensión.
Ilse, la madre de Manuel, estaba allí, su expresión grave y preocupada.
—Hijos… —murmuró la abuela con una sonrisa débil.
Pero Ilse no la dejó responder más. Comenzó a hablar en un ataque cruel contra su primogénito.
—Manuel, tienes que hacerte cargo del bebé de esa mujer.
Las palabra