—¿Qué dices, abuela? —exclamó Manuel, incredulidad y desesperación marcando cada sílaba de su voz.
Su corazón latía con fuerza, como si quisiera escapar de su pecho ante la revelación que acababa de escuchar.
—Es que yo… quería unirlos —respondió la abuela, su voz temblando con la fragilidad de una hoja al viento—. Manuel, te negabas a acercarte a Mayte, aunque la amabas, y ella estaba encaprichada con Martín. Pensé que si los obligaba a pasar una noche juntos… ¡Me equivoqué tanto! Los puse a me