Dormí perfectamente bien desde que toqué la cama. Por tres razones.
Una; porque necesitaba descansar.
Dos; porque el sueño se apoderó de mí
Y, tres; porque David entró y no pensaba moverse de ahí hasta que me viera dormida. Al menos eso me dejo muy claro.
Haber descansado me hizo bien. Al levantarme, me sentía tranquila y descansada. En pocas palabras, no tenía nada en la cabeza. Me metí al baño, me lavé la cara, me duché super rápido y salí lista para irnos. Raquel estaba despertando y la