Cuando llegamos a casa, a las doce del mediodía, la primera en salir para recibirnos es Carmen. Al ver caminar tranquilamente a Raquel, salta, grita, llora, hace de todo. Estaba feliz. Se le veía.
-Oh, Raquel, cuánto me alegro que ya estés en casa -dijo abrazándola, y al verme me abraza también-. Cuánto os extrañé a ambas. Daniela estuvo toda la noche a mi lado, me dolía horrores la cabeza.
-¿Te encuentras mejor? -pregunté.
-Como nueva -respondió Carmen alegre-. El abuelo de Karla tenía una pas