Le miré desde su pecho cincelado y sus duros pezones hasta su impresionante y precioso pene, completamente fascinada. Iba cuidadosamente depilado, nada raro, solo bonito y totalmente masculino.
Se detuvo y ladeó la cabeza.
-¿Qué?
Le empujé hacia atrás para que se sentara en sus rodillas y yo me levanté.
-Quiero mirarte -arrastré las manos por todo su cuerpo, por encima de sus pezones y su abdomen, que estaba tan indecentemente esculpido que era una verdadera injusticia para el resto de la