Me levanté del sofá de Elliot y me dirigí a la cocina a lavar los platos. Limpié la cafetera y la preparé para la mañana siguiente. Todo lo que tendría que hacer era encenderla. Utilicé mi nuevo cepillo de dientes morado y me tomé la pastilla para dormir. Las sábanas supersuaves de la cama de Elliot olían a él; me tranquilizaban y me reconfortaban en mi soledad. Me impregné en su aroma y me quedé dormida.
Unos brazos firmes me abrazaron. El olor que adoraba pendía a mi alrededor. Unos labios m