Juliette
La guerra fría había durado cuarenta y ocho horas.
Dos días de silencio absoluto. Dos días donde las únicas palabras que intercambiamos fueron monosílabos profesionales: "Sí", "No", "Firme aquí", "Tráigame el informe".
Cumplí mi promesa al pie de la letra. Me convertí en un fantasma eficiente. Llegaba antes que él, me sentaba en mi rincón de castigo con la silla de plástico, trabajaba hasta que me dolían los dedos de teclear y me iba a dormir al borde de la cama, dándole la espalda, sin rozar ni un milímetro de su piel.
Seth parecía satisfecho con mi obediencia, pero el aire en la oficina estaba tan cargado de tensión estática que sentía que una chispa podría volar el edificio entero.
Era viernes por la tarde. Estaba archivando unos contratos cuando los gritos empezaron en el pasillo.
—¡No puede entrar ahí, señor! ¡Señor, deténgase!
—¡Quítame las manos de encima! ¡Soy el dueño de esta maldita empresa!
Me congelé. Conocía esa voz. La conocía demasiado bien, especialmente cuand