Juliette
—Eres jodidamente mía.
La sentencia de Seth quedó vibrando en el aire, pesada y absoluta, borrando el resto del mundo.
No pude responder. Mi corazón latía tan fuerte que dolía, una mezcla tóxica de miedo, adrenalina y una excitación oscura que no debería sentir después de ver cómo dañaba a mi marido.
Seth no me dió tiempo a procesarlo.
Sin soltar mi brazo, pero con un cuidado que contrastaba violentamente con la brutalidad que acababa de exhibir, tiró de mí.
—Ven —ordenó.
No me llevó a