Seth
Me quedé inmóvil.
Su guardaespaldas. No su amante. No su enemigo. No el magnate que había comprado empresas para controlarla.
Solo Seth.
El hombre pobre que su padre había contratado para cuidarla. El hombre del que ella se había enamorado en secreto antes de que todo se fuera al diablo.
Antes de que pudiera procesar el dolor, ella frunció el ceño, mirando mi ropa cara, mi reloj exclusivo, mi aspecto demacrado.
—Seth... ¿qué ocurre? —preguntó, y el miedo volvió a su voz de niña—. Me duel