Juliette
El vestido rojo era un arma de doble filo.
Tal como Seth había advertido, la prenda era escandalosa. La seda carmesí se deslizaba sobre mi cuerpo como una segunda piel, abrazando cada curva, cada respiración.
Pero lo peor —o lo mejor, según los ojos oscuros de quien lo había elegido— era la espalda. Estaba completamente descubierta hasta un punto peligrosamente bajo en mi zona lumbar.
Me sentía expuesta. Vulnerable. Y al mismo tiempo, extrañamente poderosa.
Cuando el ascensor del pent