Juliette
El nombre de Julian parpadeaba en la pantalla de mi teléfono como una señal de advertencia nuclear, rompiendo la burbuja de lujuria y tensión que habíamos creado en ese pequeño baño.
Mi respiración se cortó. Retrocedí un paso, alejándome del calor del cuerpo de Seth, sintiendo cómo la realidad me golpeaba en la cara con la fuerza de un ladrillo. Estaba a punto de besar al hombre que juró destruirme, mientras mi esposo me llamaba.
—Contesta —ordenó Seth.
Su voz no era un susurro de amante. Era una orden militar.
Alcé la vista hacia él. La pasión brumosa que había oscurecido sus ojos segundos antes se había evaporado, dejando paso a una frialdad maliciosa y calculadora. Una sonrisa torcida, cruel, curvaba sus labios mientras se cruzaba de brazos, su camisa mojada y translúcida aún pegada a su torso escultural como una segunda piel.
—No puedo... —susurré, negando con la cabeza. Mis manos temblaban tanto que casi se me cae el móvil.
—Dije que contestes, Juliette —repitió, dando u