Juliette
El ascensor privado subía a una velocidad vertiginosa. El ambiente dentro del espacio reducido estaba tenso y la fragancia de Seth impregnaba el aire, enviciandome en silencio.
Podía olerlo —esa mezcla de colonia cara y su propia piel— y, Dios, era humillante admitir que, a pesar del terror, una parte de mí quería acercarse a él. Quería que esa indiferencia se rompiera, aunque fuera para gritarme.
Él estaba a mi lado, inmóvil como una estatua. No me miraba. Ni siquiera parecía respi