Karla se encontraba sentada en uno de los sillones de la sala cuando el timbre sonó. Había sufrido una terrible noche y una peor mañana. Se sentía somnolienta y no se veía capaz de retener lo poco que llevaba en el estómago. Con desgana se levantó y caminó hacia la puerta. Observó por la mirilla para saber si se trataba de la persona que estaba esperando, una vez lo hizo, quitó el pestillo y abrió.
—Dalia, pasa, me alegra verte. —Se apartó para dejar paso. La visitante le dedicó una mirada comp