Había transcurrido casi una semana desde la fatídica mañana en la que despertó con una resaca que tumbaría a un elefante. Se dedicó a dirigir la empresa en ausencia de Brais. Era algo a lo que estaba acostumbrado, ya que durante años su mejor amigo siempre se había mantenido en las sombras. Intentó disipar el dolor que le oprimía el pecho llamándolo una y otra vez, con cualquier excusa. En realidad, lo único que deseaba era escuchar la voz de su pelirroja al fondo, y que ocurriera un imprevisto