El consultorio del hospital de la manada olía a hierbas recién hervidas y a demasiada culpa.
La clase de culpa que se pega a las paredes, que se esconde entre los frascos de vidrio y los libros de medicina, esa que no se puede lavar ni con alcohol ni con agua bendita lamentablemente.
El Dr. Varek se lavaba las manos por cuarta vez desde que amaneció. No había sangre en ellas,no había suciedad pero él las sentía muy sucias .
La noche anterior no había podido dormir. La última vez que cerró