28. Asalto
El motor de mi Aston Martin ruge bajo mis pies, un eco sordo de la furia que tengo atorada en el pecho. Las luces de la ciudad se desdibujan en un borrón mientras aprieto el acelerador. ¿Elara? Se fue con el puto Alex. La vi.
Sentí el calor de su brazo alrededor del de él, la sonrisa de alivio que le regaló a ese consultor de m****a. Una sonrisa que jamás me dio a mí, ni siquiera cuando le salvé la vida de Lena y Thorne.
Me odio. Me odio por haber contratado a la única empresa de inteligencia