Tessa intentó avanzar por el pasillo con dignidad. El vestido que habían comprado aquella tarde en una de las mejores boutiques de la Isla se ceñía a su cuerpo realzando su buena figura. La tela, cubierta por un millón de cuentas de crital, tintineaban cuando andaba. Eric la había convencido para que se lo comprara, deespués de pasarse la mitad de la tarde al aire libre montando a caballo con él, había dejado que la llevara de compras pues, según él, lo hacía para contribuir a la economía y