—Buenos días, Teresa —la saludó la madre de Eric, que estaba leyendo el periódico en francés—. Pareces cansada. Estás muy roja. ¿Tienes fiebre?
—No, estoy bien —contestó Tessa tragando saliva—. A lo mejor es que ayer
tomé demasiado el sol. O la luna…
Apenas había dormido unas cuantas horas, pero consiguió mantener la compostura mientras se sentaba y se servía un cuenco de yogur con miel. De nuevo se había sentado a la mesa con el pelo mojado.
Eric se sirvió un plato de pescado para desayunar. E