Episodio 34
La noche se había tragado el cielo de Milán como una bestia hambrienta. Las luces de neón se reflejaban en los charcos del asfalto y los motores rugían en la distancia, vibrando como un enjambre de bestias metálicas listas para desatar el caos. Logan montó su moto, el cuero negro ajustado a su cuerpo como una segunda piel, y el casco brillando bajo el resplandor de los faroles. Estaba a punto de girar la llave cuando una mano firme lo detuvo. Nathan se la arrebató con un movimiento seco, rápido,